miércoles, 25 de noviembre de 2015

Trenzaré mi tristeza...


Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el cabello; de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo; había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos pues los haría llover, tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas,  que no se meta entre tus manos- me decía-  porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo.

Cuando te sientas triste niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar  cuando el viento del norte pegue con fuerza.

Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole.

Que no te agarre desprevenida la melancolía mi niña,  aún si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada  por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo. Trenza tu tristeza, decía,  siempre trenza tu tristeza…

Y mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello....


                                                                                                                                             Klug.

miércoles, 14 de enero de 2015

Una chica hecha de lluvia

Quiero una chica hecha de lluvia.

Una que me moje, que me haga ver el arcoíris en los días sin nubes. Para bailar bajo ella. Para empaparme, que sea capaz de calarme hasta los huesos, que me deje tiritando  pensando qué ha pasado. Que sea sorprendentemente incontrolable. Que refresque las noches calurosas. Que sea un torrente de emociones. Que cree vida a mi alrededor.

Pero también, cuidado. La lluvia es delicada. Dicen que jugar con fuego es arriesgado, pero eso sólo es para los que nunca han jugado con agua. Jugar con agua es impredecible.
 
Lo que parecía una pequeña tormenta de verano puede convertirse en un monzón que arrasa todo. Es imposible poner barreras ante ellas, porque si quieren, pueden hacer crecer la primavera entera en un colchón, pero también pueden devastar, asolar, arramblar, no dejar piedra sobre piedra, ahogarte en un mar de dudas.
 
Eso sí. Quizás sean las únicas chicas capaces de quitarte la sed en medio del desierto. Quizás después de una de ellas no te queden ganas de acercarte siquiera a otra chica por riesgo de que también pueda llegarte hasta los pulmones con sólo una mirada.

Pero... ¿Qué es mejor, una neumonía provocada por el agua helada, o pasarte toda la vida seco?

Carlos Miguel Cortés